CARLOS PALAO TABOADA: Intervención en el acto en memoria de Isabel Espejo RAJL, 22 de noviembre de 2017

[Nota: el 22 de noviembre de 2017 la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación celebró, con la colaboración de la UNED, un acto académico en memoria de Isabel Espejo, académica correspondiente y miembro de la Sección de Derecho Financiero y Tributario, además de Inspectora de Hacienda y Doctora en Derecho. Presidió el acto don José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala e intervinieron como ponentes doña Carmen Botella García-Lastra, Secretaria de la Sección e Inspectora de Hacienda Estado, don Carlos Palao Taboada, Catedrático Emérito de Derecho Financiero y Tributario, don Rafael Fernández Montalvo, Magistrado del Tribunal Supremo, don Juan Antonio Garde Roca, Inspector de los Servicios del Ministerio de Hacienda y Función Pública y don José Andrés Rozas Valdés, Catedrático Acreditado de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad de Barcelona. Reproducimos la intervención de don Carlos Palao, agradeciendo la amabilidad que ha tenido al permitir su publicación en este blog].

Isabel Espejo Poyato nació en 1955 y falleció prematuramente el 10 de enero de este año, tras una enfermedad que tuvo un desarrollo muy rápido y la sorprendió cuando estaba llena, como siempre, de proyectos profesionales e intelectuales. Su muerte dejó un doloroso vacío en muchas personas que nos considerábamos y a las que ella consideraba sus amigos y, en esta calidad, nos hacía generosamente partícipes de su desbordante vitalidad y su arrolladora espontaneidad.

Estos son los rasgos de su carácter que me vienen en primer lugar a la cabeza cuando evoco su figura, por delante de las cualidades intelectuales y profesionales que poseía en alto grado y que justifican que este acto en memoria suya se celebre en esta Docta Casa. Aunque no sé por qué pienso que si Isabel pudiera vernos no dejaría de esbozar una sonrisita irónica al encontrarse objeto de un acto como este. Su inteligencia la hacía tomar una saludable distancia de las pompas y solemnidades.

Porque, en efecto, Isabel Espejo era una mujer extraordinariamente inteligente. Esta cualidad y su tesón hicieron posible que realizase una brillante carrera partiendo de un origen social muy humilde. Esta carrera tuvo dos vertientes. Por un lado la administrativa, en la que, como Inspectora Financiera y Tributaria desempeño diversos cargos, últimamente en la Oficina Técnica de la Delegación Central de Grandes Contribuyentes. En esta carrera administrativa creo que es destacable el puesto que ocupó como Jefe de la Unidad Especial de Auxilio Judicial. Este puesto la puso en contacto con los problemas de las relaciones entre la administración y el poder judicial en materia de los delitos contra la Hacienda Pública, sobre los cuales trató su tesis doctoral, a la que después aludiré. Isabel Espejo estuvo también encargada como miembro del Instituto de Estudios Fiscales de la formación permanente de jueces y fiscales en materia tributaria. Todo ello le permitió entablar un relación estrecha con la Judicatura, en la cual, como en todas partes, era querida y estimada.

La otra vertiente de su carrera es la que podemos llamar académica, que tiene, a su vez, varias facetas. Por un lado, sus estudios de post-grado en universidades extranjeras; por otro lado, su actividad docente e investigadora. Isabel obtuvo un título de Master of Laws por la Universidad de Harvard, así como un diploma del International Tax Program de esta universidad, posibilidad que se ofrecía a funcionarios distinguidos del Ministerio de Hacienda y que ella no dejó de aprovechar. Por otro lado, realizó estudios en la universidad de Colonia, donde entró en contacto con el profesor Klaus Tipke, con el que entabló una estrecha amistad. Por lo que le oí contar a Isabel, tengo la impresión de que el viejo profesor alemán quedó fascinado por la personalidad chispeante, latina, de nuestra homenajeada. La formación de Isabel Espejo no desmerece, pues, en absoluto de la que es propia de un aspirante a la carrera académica.

La relación con el extranjero no se limitó a su formación sino que abarcó también a su actividad profesional, en el marco de la cual participó en numerosas actuaciones y proyectos en relación Administraciones Tributarias de otros países, como Alemania, Argentina o Venezuela, y con organismos internacionales, como la OCDE, la Comisión Europea o, más recientemente, el Fondo Monetario Internacional. La muerte la sorprendió cuando aspiraba a ocupar un puesto en una misión internacional en Azerbaiyán, por el que tenía una gran ilusión.

Estas actividades exteriores me llevan a referirme a otra característica de Isabel que es su gusto por los idiomas y su competencia lingüística, que no se limitaba al inglés y el alemán, siendo esto ya notable, sino que se extendió a idiomas menos frecuentes. En primer lugar el árabe, en el que tengo entendido que llegó a ser altamente eficiente y que pudo utilizar en sus relaciones profesionales como asesora de la Autoridad Nacional Palestina, o el ruso, idioma en el que también se inició. Isabel ponía toda su energía y optimismo en el aprendizaje de estas lenguas, que le hacían enfrentarse con desenvoltura con las dificultades que los demás veríamos en esta tarea. Así, refiriéndose al ruso, idioma en el que yo también he hecho mis pinitos y cuya gramática les aseguro que tiene notables dificultades, me aseguraba muy seria que era “fácil”, a lo que yo replicaba algo picado con una exhortación a no “marcarse faroles”.

La actividad docente de Isabel Espejo se realizó tanto en el ámbito estrictamente universitario, entre otras cosas como profesora asociada de Derecho Financiero y Tributario de la UAM, como en el administrativo, en la Escuela de la Hacienda Pública o en los cursos del Consejo General del Poder Judicial, a los que aludí más atrás. Cabe incluir en esta actividad docente la que realizaba como preparadora de opositores a Cuerpos de Inspección del Estado o de Comunidades Autónomas, tarea en la que sus conocimientos del Derecho y la Administración Tributaria, pero sobre todo sus grandes cualidades humanas, brillaban de manera especial. En general, estoy convencido de que Isabel Espejo hubiera sido una magnífica profesora universitaria si se lo hubiera propuesto.

En estrecha relación con esta actividad docente están sus publicaciones, cuyo número y calidad tampoco desmerecen de las de un académico. Aparte de un considerable número de artículos, es necesario mencionar aquí, en primer lugar, la traducción del alemán que llevó a cabo con Manuel Atienza de la “Teoría de la argumentación jurídica” de Robert Alexy, publicada en 1989 por el Centro de Estudios Constitucionales; una obra densa, clásica de la materia, cuya traducción presentaba obvias dificultades. Aprovecho para decir que Isabel tenía una afición a la filosofía, es decir, a los estudios teóricos abstractos, que conservó hasta el fin de su vida. En años recientes acariciaba la idea de escribir una obra estrictamente filosófica, que estoy seguro de que no hubiera carecido de interés.

Como libros originales suyos, citaré, primero, el titulado “Organización y funciones de la Inspección de los Tributos del Estado”, publicada por la Escuela de la Hacienda Pública del Ministerio de Economía y Hacienda en 1992. Se trata de una obrita no por breve menos interesante, que vino a cubrir una laguna en la literatura sobre una materia cuyas claves no siempre eran fácilmente accesibles a las personas ajenas a la Administración, dada la naturaleza de las normas por las que se rige, en gran parte puramente internas.

Su obra más importante es “Administración tributaria y jurisdicción penal en el delito fiscal”, Marcial Pons, 2012. Este es un libro con el que tengo una relación muy estrecha, ya que proviene de la tesis doctoral que Isabel Espejo leyó en la Facultad de Derecho de la UAM el 19 de noviembre de 2012, hace hoy casi exactamente cinco años, y de la que fui director. No por ello me corresponde ninguna participación en el mérito de esta obra: Isabel tenía desde el principio muy claras las ideas que quería exponer. Mi tarea consistió en ayudarla a ordenarlas y a dar una forma más convencionalmente académica a una obra que Isabel había ido elaborando a lo largo de varios años. Como escribí en el prólogo a la publicación, que, por cierto, está dedicada a la memoria de un querido amigo común, Alfonso Mantero, se trata de un libro importante, que propone una solución jurídicamente elegante para los problemas de las relaciones entre el procedimiento administrativo y el proceso penal en el delito fiscal. Si el legislador la hubiera seguido no nos encontraríamos hoy ante una normativa dogmáticamente confusa y difícil de aplicar como la surgida de la reforma del artículo 305 del Código Penal por la LO 7/2012, y desarrollada por la Ley 34/2015, de modificación de la Ley General Tributaria, que Isabel Espejo criticó certeramente en esta obra y en artículos posteriores. En ese prólogo dije, y lo repito ahora, que esta obra es un trabajo de madurez intelectual, “que explica el rigor y la seguridad con los que la autora analiza los problemas y propone las soluciones”. Es lástima que Isabel nos haya dejado precisamente en este momento de su vida en el que había alcanzado su sazón, de la que cabía esperar muchos más frutos.

Los aspectos profesionales e intelectuales de la vida de Isabel Espejo no nos hacen a sus amigos relegar a un segundo plano sus aspectos más personales y entrañables, como la relación con sus dos hijos, a los que adoraba y llamaba tiernamente “mis lobitos”, y a los que ayudaba en todo lo que estaba en sus manos. Ello no le impedía juzgar rigurosamente las cosas que a veces no le gustaban en su comportamiento. Su nietecito fue una luz que alivió los sufrimientos de su enfermedad en sus últimos días.

En otro orden de cosas está su habilidad como constructora de casas, de la que no dejaba de presumir, como la última en que vivió, en el barrio de Tetuán, donde consiguió transformar un chamizo semirruinoso en una acogedora casita de aire bohemio. En esta y en otras muchas cosas Isabel Espejo era una mujer segura de sí misma, cuyo carácter fuerte e independiente fue forjado por una vida en la que nada le fue regalado. Este exterior, que podía quizá ser áspero con las personas que no eran de su agrado, escondía, sin embargo, una naturaleza tierna y sensible, que sus amigos conocíamos bien y echamos tanto de menos.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s