J.A. Rozas: In memoriam Isabel Espejo

In memoriam Isabel Espejo

José A. Rozas

El pasado 10 de enero nos dejó Isabel Espejo Poyato. La deuda infinita que nos deja devenga, al menos y por ahora, el pago de un tan infinitesimal como irrenunciable tributo a su imborrable memoria, en forma de apresurado obituario a vuelapluma. El espacio más inmediato y apropiado para rendirlo no podía ser otro sino el del blog jurídico que dirige su, mi, buen amigo Pedro M. Herrera Molina. ¡Ahí vamos!

Isabel, no cabe duda y hay acuerdo unánime en la doctrina al respecto, de que eras una rara avis en un mundo predominantemente gallináceo. Lo que, necesariamente, te acarreó padecer el sonoro cacareo, cuando no graznido, propio de las distintas ciénagas por las que te tocó bregar. Y lo hiciste siempre con una entereza ejemplar, un carácter indómito, una honestidad incómoda y una sonrisa franca, inmensa, que inundaba de cordialidad todo tu rostro. El contraste de tu personalidad era, así, como el fulgor impetuoso de la luz en un claroscuro barroco. Llamabas poderosamente la atención; despertabas tanto la admiración y encandilamiento de quien acogía el privilegio de tu grandeza, como la prevención y desprecio de quien, en su miseria, se sentía amenazado por tan apabullante despliegue de saber y querer.

Gustabas de definirte a ti misma como “modesta chica de pueblo”. En realidad, eras una mujer ciclópea, tan plenamente consciente de tus gracias e inteligencia como donante de una humanidad desbordada que derramabas a manos llenas en todas direcciones, con una lógica predilección hacia tus “lobitos”, Juan y Luis, y hacia tu “lobitín”, Álvaro, que esponjó de ternura tu último año con nosotros. Expresabas las profundas heridas que habían dejado en tu alma los desengaños del existir con una naturalidad fascinante, aun sin espacio para la amargura, y vivías con una desconcertante e intensa relación con la naturaleza.

De hecho, tu energía infinita probablemente mostraba su mayor esplendor cuando se dirigía a tus pasiones dominantes por la construcción y la agricultura, que tan sabia y gozosamente compaginaste en tus adorados paisajes de Gredos y Castellón. ¡Cómo disfrutabas y participabas del sabor de una avellana o del olor del hinojo salvaje en un apacible paseo por, como decías con sentido regusto de simplicidad, “el campo”!

Tu alma era de envergadura pareja a la de tu cerebro. Entre tus muchas y jugosas ideas, dejaste en el tintero todo un sistema filosófico en el que incluías, con tu gracejo andaluz, que puestos a creer en Dios se habría de optar por la Iglesia verdadera, a cuyo sostenimiento contribuías desde el pleno convencimiento de que pocos destinos mejores podían merecer tus esfuerzos contributivos; y en cuyo depósito doctrinal reconocías un armazón moral del que apreciabas su idoneidad para sostener erguidos a los seres humanos en sociedades, a su vez, sostenibles.

Otra dimensión señalada de tu personalidad era una aguda tensión por la realización de la justicia a través del Derecho, con mayúscula. Lo que te condujo en tu juventud a un febril comunismo para que la convivencia con los que siempre denominabas “los progres” –de los que la parte peor, decías, eran los del PP- te alejó irremediablemente de la política y, con ello, de cualquier manifestación del poder.

El Derecho fue, sin duda, tu gran amor profesional. Tu sólida formación en Filosofía del Derecho –en cuyo cultivo estuviste a punto de recalar, de no haber huido de su dimensión académica para refugiarte en la Inspección de Hacienda- alimentó tu casi intuitivo sentido de cómo construirlo y aplicarlo, lo que te habría de conducir, naturalmente, a Alemania. Allí, a la vera de tu querido Profesor Tipke y traduciendo la teoría de la argumentación jurídica del Profesor Alexy completaste tu formación. También te sumergiste en sus manifestaciones anglosajonas -en Harvard y con Víctor Turony en el FMI- de las que, sobre todo, apreciabas su genio particular para encauzar la resolución de las controversias.

Insistías hasta la saciedad, y con conocimiento de causa, en que el drama de los sistemas tributarios contemporáneos radicaba, justamente, en que en su construcción se habían abandonado por completo los más elementales rudimentos de la técnica jurídica. El más claro ejemplo de todo ello lo veías en el esperpéntico devenir del Derecho fiscal internacional. El mismo organismo, la OCDE, que inspiró el germen de cultivo de lo que ahora abomina –la llamada “planificación fiscal agresiva” (concepto, por cierto, moralista y carente del más mínimo rigor jurídico)- pretende poner coto al monstruo que ha criado en su seno mediante el uso de las mismas herramientas/artilugios que le dieron forma, con las iniciativas BEPS. Idéntica huida del Derecho -como único modo verdaderamente eficiente y justo de regir las relaciones sociales y, entre ellas, las tributarias- reconocías en la moda de los sistemas “alternativos” de gestión de conflictos (nada mejor que un buen sistema jurídico de prevención y resolución de recursos, decías) o en el último grito de las relaciones cooperativas con grandes empresas (cooperación sí, pero con todos los contribuyentes y desde la configuración del sistema hasta su dimensión litigiosa, apuntabas).

De tu dilatada experiencia con la Administración de Justicia, desde la tributaria, y de tu profundo conocimiento del Derecho, del alemán en particular, nació tu tesis doctoral que, dirigida por el Profesor Palao, se editó en Marcial Pons con el sugestivo título Administración tributaria y jurisdicción penal en el delito fiscal, en memoria, por cierto, de otro gigante de la Hacienda pública española, Alfonso Mantero. Tuve la satisfacción de organizar su presentación formal en Barcelona, en el Colegio de Abogados, en un acto académico de entre los más enriquecedores, nutritivos y placenteros de los que he vivido. No es casual que te sumergieras, Isabel, en tan intrincadas y procelosas aguas como objeto de tu tesis y, verdaderamente, fue providencial que lo hicieras. Diste a la luz un trabajo absolutamente excepcional que debería de haber inspirado lo que ha sido el título sexto de la vigente Ley General Tributaria. Lamentablemente no ha sido así, por la cortedad de miras de quienes pudiendo recurrir a lo mejor y más granado de su gente sistemáticamente rechazan su desinteresada y leal colaboración.

Tu insaciable apetito intelectual te llevó al estudio del árabe, a la inmersión en su cultura -¡hasta adquirir un terrenito en Marruecos!- como a leer “Anna Karenina” en ruso y disponerte a pasar una larga temporada en Azerbaiyán, ejecutando un proyecto de cooperación internacional que acariciabas con fruición cuando el zarpazo cruel del cáncer te alcanzó.

En todas las instituciones en las que te prodigaste, desde el Instituto de Estudios Fiscales –donde tuve la fortuna de conocerte y advertir por primera vez tu insólita frescura de criterio propio- hasta la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, pasando por la Universidad Autónoma de Madrid o las distintas dependencias del Ministerio de Hacienda por las que transitaste dejaste una huella imborrable de buen hacer, sabiduría y afecto. En todas las personas que nos dejamos conquistar por tu bondad -señaladamente tus discípulos de oposición, que orgullosamente afirmabas “se han criado en mis pechos”- has dejado, Isabel, un recuerdo y un patrimonio de humanidad y profesionalidad que constituye tu legado y presencia intangible en este mundo que con tanta pasión has bendecido con tus colosales dones y que con dolorosa precipitación has abandonado. Descansas ya en paz, también, en el corazón eternamente agradecido de quienes te queremos.

 

 

11 thoughts on “J.A. Rozas: In memoriam Isabel Espejo

  1. Muchas gracias por haber escrito este post. Lo he leído esta mañana, en el metro, y todavía estoy estupefacta. Tengo encima de la mesa trabajos de Isabel, y no hace tanto nos habíamos intercambiado varios emails con la idea de quedar “uno de estos días”. No sabía que había fallecido y no me hago a la idea. Descanse en paz, una gran mujer, que se ha ido demasiado pronto.

  2. Gracias José Andrés, gracias Pedro, gracias a todos los amigos de Isabel. Una rara avis en el mundo jurídico, mujer extraordinaria y, sobre todo, un corazón puro. Gracias por lo que nos diste y nos sigues entregando. Nuestra oración está contigo.

  3. Una pequeña Gran mujer que observará, con esa mirada irónica tan característica, desde lo alto. Enhorabuena por tu sentido homenaje, José Andrés.

  4. Conocí a Isabel en un modesto ático del centro de Damasco y, a pesar de que era 30 años mayor que yo, se ganó mi corazón y amistad eterna. Te quiero, Isabelica.

  5. Mi querida amiga, mi compañera de paseos por el campo. Aun me parece que nos vas a llamar para ver ese vergel que has creado en medio de un paisaje inmenso: Gredos, com el que te mimetizabas. Se te iluminaba la cara y tu maravillosa sonrisa nos contagiaba cuando nos hablabas de los castaños que plantaste, las fuentes que limpiaste…. te seguimos queriendo, te extrañamos amiga. No creo adecuado decirte “descsnsa en paz”, no es la actitud de tu alma inquieta, seguro que donde estes seguiras planteandote cono cambiar las cosas, los que te conocimos me entenderan. Justo y Africa no te olvidamos

    • Isabel , cuando pienso en ti solo puedo llorar , has pasado por mi vida y la de Carmen tan rápido y has dejado tantos recuerdos inolvidables e intransferibles que me abruman . Tu alegría de vivir y tu humanidad serán inolvidables y permanecerán en nuestra memoria.
      Gracias por haber hecho este mundo un sitio mejor para todos los que te conocimos .
      Yo que soy algo mayor en edad te admiré siempre y contaba contigo para el porvenir , me parecías una estrella luminosa en el mundo que nos ha tocado vivir y creí estarías siempre a la vista para ayudarnos a comprender este mundo y a hacerlo más feliz .
      Hoy , como cada día que te recuerdo he de llorar , como Carmen , Carmina , Nicolas y tantos y tantos que te amaron y conocieron .

      Isabel , Quien te conoció te amó .

      Nos dejaste huérfanos y solo cuando estamos juntos y hablamos de ti nos podemos consolar .

      Tus amigos de Nerja , Carmen y Jesús que nunca te olvidarán , hasta siempre Isabel en nuestro corazón !

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