Marta Villar: sobre la 6ª Conferencia Mundial el Diálogo Internacional sobre Fiscalidad centrado en el nexo Fiscalidad y Medio Ambiente

“La fiscalidad medioambiental está infrautilizada” – En el Centro de Conferencias de la OCDE, en París, se ha desarrollado del 1 al 3 de julio de 2015 la 6ª Conferencia Mundial el Diálogo Internacional sobre Fiscalidad centrado en el nexo Fiscalidad y Medio Ambiente.

Marta Villar Ezcurra. Universidad CEU San Pablo.

Unas 300 personas de más de 90 países, en su mayor parte autoridades tributarias y ambientalistas de alto nivel, representantes gubernamentales y de las Administraciones tributarias, expertos e investigadores, han analizado el modo de mejorar la fiscalidad medioambiental en su dinámica práctica.

Como coordinadora del Proyecto de Investigación Jean Monnet sobre fiscalidad de la energía, medio ambiente y ayudas de Estado, que se desarrolla en la Universidad CEU San Pablo (VER INFO DEL PROYECTO), he tenido ocasión de participar en este encuentro, acompañada de la Profesora Estela Ferreiro (IBFD), miembro del equipo investigador.

En esta breve nota se pretende sólo destacar la importancia del evento y compartir sus principales aportaciones y conclusiones, pues fue tan rico el debate que es imposible sintetizarlo a modo de resumen. En todo caso, la mayor parte de las presentaciones pueden localizarse en la web de la OCDE (VER PRESENTACIONES).

A lo largo de tres intensos días se han examinado cuestiones relativas a la forma de superar los obstáculos a los impuestos medioambientales, relacionados con los efectos distributivos y la competitividad, tomando en consideración semejanzas y diferencias entre economías avanzadas y en desarrollo. La fiscalidad del carbono, energía, recursos naturales, desarrollo urbano, transporte o electricidad han sido objeto de especial atención en esta Conferencia.

Lo primero que me ha llamado la atención es la prevalencia de planteamientos económicos y políticos en el debate, con el consiguiente desplazamiento de lo jurídico, que casi se limitó a tratar del principio “quien contamina paga” y de su incidencia en las reformas fiscales medioambientales. Es algo que en buena parte se explica por la lógica y coherencia del foro y su objetivo: acercar las iniciativas politicas a las Administraciones públicas de cara a preparar la Conferencia CO21. De otro lado, parece que las politicas de eficiencia energética cobran importancia en detrimento de las de cambio climático en las propuestas de muchas de las reformas fiscales ambientales en marcha.

La conclusión de esta Conferencia Mundial es coincidente con los datos que se deducen del Informe de la OCDE Taxing Energy Use 2014: los impuestos constituyen potencialmente una de las formas más eficaces de reducir la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero, y sin embargo, actualmente están infrautilizados -con muy pocas excepciones-, e incluso cuando se utilizan “se diseñan en una forma sub-óptima”, se dice en la nota de prensa de la propia Conferencia.

El formato del encuentro, basado en sesiones plenarias y paralelas ha permitido promover el debate y el intercambio de experiencias exitosas o desafortunadas en términos de eficacia recaudatoria y medioambiental, de la mano de ponentes de primer nivel, con presencia en los paneles, de países desarrollados y en vías de desarrollo.

En sus palabras de presentación, el Secretario General de la OCDE, Angel Gurría, explicó las razones de que las soluciones teóricas óptimas no prosperen a nivel político y destacó que la salida no está sólo en poner precio al carbono. Por el contrario, hay que abordar el problema que representan las políticas inconsistentes e incoherentes -como es el caso de la fiscalidad de la energía-. Las asimetrías y contradicciones deben corregirse, como ocurre con los supuestos en que se subvencionan productos o fuentes de energía, que luego, se gravan con impuestos. También llamó la atención sobre la posibilidad real de que los países cuenten con una fiscalidad medioambiental y simultáneamente con un crecimiento sostenible verde sin perder competitividad económica. Por ello es importante eliminar los falsos mitos asociados a la fiscalidad medioambiental, como es la tajante afirmación y sin matices de sus efectos regresivos, pues además son posibles medidas financieras de compensación. Esta idea se desarrolló por otros intervinientes posteriormente.

Entre otras muchas cuestiones de fiscalidad internacional, se trató -con cierta reticencia sobre su conveniencia y eficacia- de los ajustes fiscales en frontera, del modo de combatir el fenómeno de la fuga de carbono o de la coordinación de la fiscalidad con el régimen de comercio de derechos de emisión, pero también hubo debate sobre la necesidad de eliminar progresivamente las subvenciones a los combustibles fósiles y sobre el cómo hacerlo, el modo de proteger a los consumidores vulnerables, o el potencial de la fiscalidad ambiental de reconducir el mercado de trabajo. Reiteradas fueron también las referencias a la teoría del múltiple dividendo que representa la fiscalidad medioambiental, capaz de tener efectos positivos en recaudación, reducción de la fiscalidad a las rentas menos móviles, pero incluso capaz de reconducir el mercado de trabajo y reordenar las rentas laborales no controladas -“no formales”- como explicó el Profesor Lawrence Goulder, de la Universidad de Stanford.

El primer día se centró el debate en los objetivos de la fiscalidad ambiental, en su aplicación y en la estructuración de los impuestos relacionados con el medio ambiente, desde las experiencias de las reformas y propuestas en marcha en Noruega, Portugal, Jordania, Filipinas, China, México y el Foro Africano de la Administración Tributaria.

La exitosa experiencia noruega se avala con la evidencia de una de las más altas densidades de coches eléctricos y un nivel considerable de recaudación basada en impuestos ambientales. Portugal ha apostado por alinear sus politicas tributarias con la sostenibilidad y es optimista con los resultados que se van alcanzando. Jordania se ha centrado en asegurar la estabilidad en la seguridad energética, ha incorporado medidas de protección a los hogares para que no les repercuta el aumento de precios y ha visto crecer su PIB en la última década. En Filipinas, los problemas de precios de transferencia han impedido prosperar las reformas fiscales. El gobierno chino por su parte, ha hecho desde 2013 de la protección del medio ambiente algo esencial y, entre otras medidas económicas y legislativas, está por ejemplo recuperando tributos a productos específicos (fuegos artificiales o palillos desechables para comer) hasta conseguir sensibilizar ecológicamente a toda la población. México aprobó en 2013 un impuesto al CO2 con una estructura semejante al IVA que facilita su gestión y recaudación. Desde el Foro Africano se llamó la atención sobre la importancia de las medidas de eficiencia energética pero también sobre realidades preocupantes como la importación de vehículos de segunda mano por algunos países, como Mozambique -se importa lo perjudicial para el medio ambiente-. Algunos países como Argelia, Uganda o Senegal tienen iniciativas de reforma fiscal medioambiental, pero se necesita seguir avanzando.

Las intervenciones del primer panel permitieron llegar a la conclusión de que diseñar un instrumento fiscal para cumplir 7 o más objetivos es fuente de problemas y contradicciones y no es socialmente progresivo, por lo que es fundamental marcar el nivel de decisión política desde lo local a lo supranacional, como afirmó Marcelo Giugale, Director Senior del Banco Mundial. Se destacó también la importancia de eliminación de los subsidios a las fuentes contaminantes aunque discutiendo las dificultades del proceso, que debería de ser gradual.

En el segundo panel se abordó el tema de los precios de la energía en la actualidad y se discutieron orientaciones para promover reformas, ofreciéndose un análisis práctico sobre las bases imponibles que han de tomarse en consideración y las circunstancias locales a atender, compartiéndose las experiencias de Indonesia y Dinamarca.

Por su parte, las cuestiones de fiscalidad de los recursos naturales y las repercusiones fiscales de los regímenes de comercio de derechos de emisión fueron objeto, por su parte, de sesiones paralelas.

El segundo día, y también en sesiones paralelas se abordaron la fiscalidad y el desarrollo urbano, los efectos redistributivos en los hogares, los impuestos al transporte, el impacto en la competitividad, la fijación de los precios del carbono, los impuestos en el marco de otros instrumentos de política ambiental y la reforma de los subsidios a los combustibles fósiles.

El último día, las sesiones plenarias se centraron en el nexo fiscalidad, desarrollo y medio ambiente y en cómo favorecer estrategias coherentes con el crecimiento y la reforma de la fiscalidad ambiental. Compartieron sus experiencias países como Uruguay, Gabón, Sri Lanka o Eslovenia aportando la perspectiva académica el Profesor Lawrence Goulder, de la Universidad de Stanford y Ottmar Edenhofer, del Instituto de investigación sobre el Impacto del Clima.

Preservar la competitividad de las empresas, como se afirmó en este encuentro, no es sólo cuestión de fiscalidad, es también promover tecnología e inversiones por lo que la vía no debería ser la del uso de incentivos o exoneraciones fiscales. También la aplicación práctica, la coordinación de politicas de medio ambiente, energía y economía o los procedimientos para conseguir los objetivos de las reformas fiscales ambientales en marcha o a emprender son cuestiones igualmente importantes. Tan importante como la necesidad de hacer cosas es el modo de hacerlas, la transparencia, los instrumentos técnicos de acción, la comunicación y la cultura.

Con frecuencia, las preocupaciones sobre competitividad, justicia, regresividad, neutralidad o igualdad se plantean como obstáculos a la utilización de la fiscalidad ambiental. Los debates mantenidos en la Conferencia de París han permitido concluir que todas estas preocupaciones deben tenerse en cuenta, pero no para bloquear reformas fiscales medioambientales sino, por el contrario, para ayudar a diseñar cuidadosa y correctamente impuestos que permitan alcanzar los objetivos medioambientales.

Está claro que necesitamos que la fiscalidad se oriente hacia objetivos medioambientales y sea capaz de coadyuvar a la solución de problemas de dimensión internacional a corto, medio y largo plazo, y debe hacerse todo lo que sea posible. Encuentros como este confirman que no se trata ya solo de una necesidad sino de una autentica tendencia a nivel mundial.

Más información en http://www.itdweb.org/

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