Alberto Cornejo: ¿regular para liberalizar? (sobre el planteamiento de Natalia Fabra)

[Post núm. 625, de 30 de octubre de 2014]

¿Regular para liberalizar?

Alberto Cornejo Pérez

En el post de hoy, Alberto Cornejo, miembro de nuestro Consejo Editorial, comenta el planteamiento de Natalia Fabra (ganadora de la 13ª edición del Premio Banco Herrero) “Hay que liberalizar más, pero por ello hay que regular más y mejor”.

Puede parecer atrevido o incluso descortés plantear las siguientes objeciones a un discurso de una persona que entiendo que con su mejor intención y duro trabajo de muchos años ha dedicado sus sobresalientes cualidades a investigar la economía para llegar a las conclusiones que se expresan en esta intervención.

A pesar de ello, y con el debido respeto a la autora, a los miembros del jurado que otorga el premio y a las personas que cita en su intervención y que comparten sus planteamientos, considero muy necesario y conveniente recordar que existen otros enfoques acerca de las cuestiones debatidas, como el enfoque liberal defendido entre otros por el profesor Juan Ramón Rallo (cuyo planteamiento se expone en los artículos enlazados), que ponen en entredicho las conclusiones que se alcanzan en el post publicado en Nada es Gratis. Se analiza someramente a continuación con la intención de abrir un debate sobre el mismo:

El propio título, según el cual “hay que liberalizar más, pero por ello hay que regular más y mejor” constituye ya una contradicción en sus propios términos. Liberalizar consiste en hacer posible que el mercado funcione en libertad, es decir, que los consumidores (compradores) escojan sin coacción alguna entre las diversas alternativas de consumo que les ofrecen los productores (vendedores). Regular, por el contrario, consiste en introducir un tercer agente en la transacción que, en nombre de unos intereses ajenos a estos compradores y vendedores, y mediante el uso del poder coactivo del Estado, altera de un modo u otro ese acuerdo que ya era mutuamente satisfactorio, pudiendo hacer que deje ya de satisfacer a ambas partes. Es claro que sólo se justifica esa intervención coactiva en defensa de un interés superior al de compradores y vendedores, el “interés general”, pero en la medida en que regular implica la intervención del poder coactivo del estado en las relaciones entre compradores y vendedores resulta contradictorio decir que para liberalizar hay que regular.

Habla la autora más adelante de “la educación pública como fuerza transformadora de la sociedad”, relatando lo esencial que ha resultado la educación pública en su caso particular, con anécdotas y vivencias propias. No tengo ningún motivo para dudar de que sea cierto y de que su aprovechamiento, a juzgar por los éxitos cosechados hasta el momento, haya sido sobresaliente. El motivo de discrepancia aquí es el calificativo de “pública” de la educación que pueda transformar la sociedad. O, por ponerlo en términos más claros, quién es el financiador de tal educación: cada familia respecto de sus miembros o, por el contrario, una “financiación cruzada” de unas familias a los miembros de otras familias con intermediación del Estado, que exige coactivamente los recursos a unas familias para financiar los estudios de otras. Pues bien, para el buen funcionamiento de una economía es esencial que haya un sistema de incentivos bien estructurado que quiebra cuando la asignación de los recursos se hace por el segundo procedimiento (http://www.libremercado.com/2011-09-02/juan-ramon-rallo-por-que-la-universidad-deberia-ser-totalmente-privada-60856/). Las mismas objeciones cabría oponer a lo expuesto en relación con la investigación y sus efectos en el futuro.

A continuación se entra de lleno en la tesis defendida por la autora, con el apoyo de muchos economistas, entre los que hay que incluir varios premios Nobel, sobre la complementariedad entre regulación y competencia y de los sectores eléctrico, de las telecomunicaciones, de los transportes o el bancario, entre otros. No es mi intención rehuir el debate sobre cada uno de estos puntos, pero parece más allá de las posibilidades de una breve respuesta a un post. Baste reseñar algunas ideas y algunos enlaces a sendos artículos sobre cada cuestión:

4 thoughts on “Alberto Cornejo: ¿regular para liberalizar? (sobre el planteamiento de Natalia Fabra)

  1. Estimado Alberto

    Tras leer tu post no he entendido muy bien tu postura, o los problemas que, en tu opinión, surgen del planteamiento de Natalia Fabra. Entiendo que liberalizar y regular no son tareas incompatibles sino todo lo contrario, complementarias. La regulación de un sector permite fijar claramente las reglas del juego, y fijar límites para evitar abusos por parte de los operadores. No creo que liberalizar implique necesariamente que un Estado se deba desentender de esas reglas del juego, que siempre son necesarias en toda relación económica o social. Creo que es a través de la regulación como se pueden alcanzar mejores cotas de libertad en la medida, eso sí, en que dicha regulación favorezca la igualdad de oportunidades. Sin regulación, en muchos casos, se produce el efecto contrario, que no existe igualdad de oportunidades y, por tanto, que un determinado sector sea monopolizado, de facto, por una empresa y, por tanto, que no exista libertad para los consumidores a la hora de elegir. La clave, por tanto, está en que el Estado persiga ese necesario equilibrio entre intereses particulares de los operadores y los intereses generales, el bien común, del ciudadano-consumidor.

    En todo caso, ¡gracias por habernos traído tan interesante reflexión a este hiperactivo blog!

    • Gracias Mercedes por tu respuesta y te pido disculpas por mi muy tardía reacción!!
      Es cierto, desde luego, que debe haber unas “regulaciones” o “reglas del juego” en todo mercado para que quienes compran y venden en el mismo sepan a qué atenerse. Claro que sí. Ahora bien, esas reglas deben ser lo más claras, sencillas y transparentes que sea posible. Y cuanto más mejor, de forma que podrían resumirse en la prohibición de ejercer coacción y violencia sobre el otro, entendida esta violencia en un sentido muy amplio, englobando todo tipo de fraude o engaño.
      Pretender conseguir un objetivo tan etéreo o indeterminado como la “igualdad de oportunidades” estableciendo pormenorizadas regulaciones en mi opinión no conduce nunca al resultado que se persigue sino al contrario. Efectivamente, cuando un regulador pretende la defensa del consumidor mediante normas obligatorias “ad-hoc”, revistiendo bajo la apariencia de normas generales simples mandatos para evitar casos puntuales que no se ajustan a los criterios o preferencias del regulador, que suele verse influido además por grupos de presión diversos, suelen dar lugar a una regulación que, a la postre, sólo beneficia a estos últimos. Y en los artículos que enlazaba pueden verse ejemplos en el caso del taxi, en el que so pretexto de proteger al indefenso consumidor, el legislador ha introducido un sinfín de reglas obligatorias que convierten al sector del taxi en mucho menos eficiente de lo que podría ser, impidiendo que los consumidores valoren y decidan si prefieren la mucho más barata (y ecológica) alternativa de compartir vehículo. O mucho más importante, el caso del sector bancario, privilegiado a expensas de los contribuyentes y de los ciudadanos en general a través de los rescates bancarios o de las políticas de crédito artificialmente bajo propiciadas por los bancos centrales.
      Un saludo cordial!

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