La elección democrática de los jueces en Estados Unidos (The Economist)

Un interesante artículo publicado en The Economist (23-29 de agosto de 2014) analiza los problemas derivados de la elección democrática de los jueces (y las consiguientes campañas electorales en Estados Unidos).

“La elección de los jueces mediante votación democrática es una mala idea, porque los jueces no son políticos -escribe The Economist-. Es correcto que un político pacte con los votantes: “votadme y aumentaré el salario mínimo” o “votadme y bajaré los impuestos”, pero es un abuso de poder que un juez prometa -sugiera sutilmente- que resolverá los futuros casos basándose en consideraciones distintas de los hechos y el derecho aplicable. El presentarse a las lecciones incentiva a los jueces a mirar con simpatía a las personas populares entre los votantes y a comportarse con dureza frente a quienes les resultan incómodos”. Votadme y meteré en la cárcel a las personas que odiáis “no es un buen criterio para conseguir la imparcialidad” (p. 33).

Aunque en España no se presente el problema en estos términos, la experiencia Americana puede ofrecernos algunas enseñanzas aplicables indirectamente al nombramiento de los jueces y de sus órganos de gobierno en España.

Pedro Herrera

4 thoughts on “La elección democrática de los jueces en Estados Unidos (The Economist)

  1. Gracias, Pedro. Ciertamente, muy interesante, y, como bien dices, trasladable mutatis mutandis al debate del caso español. Lamentablemente, y más allá de las grandilocuentes y no obstante vacuas promesas y cantinelas electorales sobre independencia judicial para consumo del gentío, la dirigencia prefiere realmente el statu quo, que garantiza la penosa situación actual.

    Un afectuoso abrazo.

    Juan Fco. Rodríguez

    • Muchas gracias, Pedro, por “sacar a la palestra” asuntos tan interesantes como este.
      Leído el artículo, parece efectivamente un despropósito mantener un sistema de elecciones democráticas para jueces, a pesar de lo consolidado del sistema.
      La independencia de criterio a la hora de aplicar las leyes debe no sólo ser sino también parecer impecable, especialmente debido a lo serias que son las consecuencias de sus decisiones: decidir sobre el ingreso en prisión de personas o incluso vida o muerte. Y las vicisitudes de un proceso electoral, desde su mera estética, en cierto modo frívola (que se ilustra muy bien en el artículo), hasta las sospechas que pueden surgir por la financiación recibida por los candidatos de unas elecciones, no se corresponden con la seriedad exigible a la administración de justicia.
      En mi humilde opinión, las elecciones democráticas con sufragio universal no son la mejor forma de designar a los jueces, y un sistema de oposiciones libres y basadas en los méritos demostrados anónimamente por los candidatos funciona mejor que el de los EEUU, y precisamente la elección en España de la cúpula de su gobierno y de los magistrados del Tribunal Constitucional por los partidos políticos es quizás su mayor debilidad.
      Un cordial saludo,
      Alberto Cornejo

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