J.A. Rozas Valdés: Crónica de la 14th Global Conference on Environmental Taxation (Kioto, Octubre 2013)

Un año más, y van 14, se han celebrado las Olimpiadas académicas de la tributación ambiental, que en el 2011 –al menos éstas sí- se desarrollaron en Madrid, bajo la atenta dirección de la Profesora Yabar y del Profesor Herrera.

En esta ocasión ha sido la Universidad de Kyoto la sede elegida por el Comité organizador, y los Profesores Kazuhiro Ueta y Soocheol Lee –junto al inevitable Prof. Larry Kreiser- sus impulsores, y responsables de la logística. Como es habitual, el programa –“embutido” en dos intensos días (http://www.econ.kyoto-u.ac.jp/gcet/)- ha congregado a más de 200 investigadores de todo el mundo que, sea como juristas, sea como economistas, se ocupan de estudiar los instrumentos económicos y financieros –en su modalidad de ingresos o de gastos públicos- relativos a la ordenación del medio ambiente.

Más allá de la exquisitez del paisaje humano, natural y urbano del entorno japonés en el que tuvo lugar, así como de las consabidas ceremonias de recepción y despedida, los participantes pudieron disfrutar de un panel de primeros espadas en la materia y de una diversidad de comunicaciones verdaderamente fabulosa, que se articularon en hasta cuatro sesiones paralelas.

No ha sido fácil, pues, extraer del evento todo el fruto académico que procuraba –entre otras cosas por no haberse comercializado, hasta la fecha, por ningún aplicativo de Apple la ubicuidad física y/o intelectual- de modo que la natural extensión de un post tan solo permite dar un brochazo de alguna de las ideas y contenidos que han circulado por las salas Inamori, Yamauchi y Shiran-kaikan (1,2) en las que han tenido lugar las prolongadas –de 9:00 h. a 19:00 h.- sesiones de trabajo.

Por citar cuatro temas -de entre los que han despertado la atención del respetable- es lo obvio centrar la suerte en el binomio carbon tax-emission permits, sin descuidar la energía como objeto de gravamen y/o subvención, recalar en el apasionante capítulo de Hacienda y residuos, y sobrevolar –no podían faltar- los menos sugestivos –para quien esto escribe, naturalmente- modelos econométricos encaminados a valorar la “huella ecológica”, footprint, de los productos, o la eventual incidencia que tendría en el nivel de desempleo del año 2050 el establecimiento de un impuesto sobre las emisiones de CO2 de a 6,76 € la tonelada. Por empezar, y terminar, con este último territorio, en cuanto a lo primero, Xin Zhou presentó un estudio sobre los problemas de ajuste en frontera que está generando en Japón el establecimiento, el 2012, de un carbon tax –al estilo de las propuestas de la Comisión europea, cabalgando en los impuestos sobre hidrocarburos- digno de calificarse como trabajo propio, si se me permite el amable casticismo, de uno de los suyos, léase, chino. Para su elaboración está utilizando el modelo econométrico E3MG de la Universidad de Cambridge, a cuya presentación dedicó su conferencia el Prof. Barker: pese a su, fuera de lo común, claridad expositiva, se me revelará de su explicación, a riesgo de dejarme en el tintero alguna de sus numerosas premisas o variables. También sobre border ajustment –tema, lógicamente en boga- habló, y no sólo, esta vez desde Australia, Seila Cheng.

En la otra conferencia inaugural, otro clásico en estos carteles, el Prof. Ekins disertó –con su descontada brillantez- sobre la eventual combinación de impuestos y permisos sobre las emisiones y su efectiva implantación en el Reino Unido. En este tercio –el de los instrumentos económicos relativos al cambio climático, al que se dedicaron íntegramente más de una sesión- el Prof. Duff expuso sus reflexiones sobre la eventual traslación a los impuestos sobre emisiones de las técnicas de repercusión-deducción y ajustes en frontera propias del IVA. Una idea sugestiva, sin duda, aun cuando Susanne Ảkerfeldt –que, desde la Administración tributaria sueca, probablemente, sea de las personas más preparadas en cuanto a impuestos sobre emisiones y devaneos de la Comisión europea al respecto- le hizo notar los peligros de adentrarse en tan procelosos mares: siendo canadienses, no alcanzan a atisbar las “goyerías” que las entretelas del tráfico intracomunitario y las inversiones del sujeto pasivo han permitido tejer a los criminales al uso, de lo que algo contó el Prof. Bilbao en su comunicación sobre los efectos y perspectivas del sistema de permisos de emisión en la UE. No se puede ni siquiera resumir en cuanto a modalidades de impuestos sobre emisiones las consistentes novedades y propuestas que vienen del extremo oriente, donde en Corea, Japón, Taiwan, Singapur y, sobre todo, China –que aquí se haya explicado- el muestrario de género tributario al respecto es la mar de vistoso. Sin descuidar el memorable proceso que al respecto se nos explicó por Louise Dunne que se ha vivido en Irlanda desde el 2010 con un eficiente impuesto sobre emisiones de carbono contra la crisis financiera.

En el tercio energético ha causado sensación el terno de impuestos sobre la energía nuclear presentado por el Prof. Toudou, de Japón, las singulares idas y vueltas –en direcciones opuestas, del feed in tariff al command and control y viceversa- de que dieron razón los Profesores Lee y Jeong, en cuanto a los sistemas eléctricos coreano y japonés, o lo que sobre estos sistemas proponían para Taiwan los Profs. Lin i Ko: experiencias de enorme utilidad desde la actual perspectiva de lo que al respecto se despacha en España. Ni que decir tiene que las energías renovables tuvieron su lugar: con su reconocido gracejo, la Prof. Mann se deslizó, cual sirenita, under the sea, entre mareas, algas y olas, fiscalmente bonificadas, el Prof. Anton a vueltas con sus biocarburantes o el Prof. Domingues a propósito de los incentivos fiscales brasileños para mejorar la eficiencia energética del parque móvil. Mucho se habló de eficiencia energética, también, y no faltaron las ideas revolucionarias, como la propuesta del Prof. Libson relativa a un impuesto negativo sobre la renta -¡con derecho a devolución!- a partir de la concesión de créditos fiscales a quienes se abstuvieran de determinados comportamientos “dirty”, como viajar en avión, poseer coches de alto consumo o derrochar energía en el hogar.

Pasando, por último, al tercio de Hacienda y residuos –sólidos, líquidos o nucleares- no podían faltar los recurrentes cases, como el de recogida de bolsas para el lunch en Fukushima -¡con la que está cayendo!- o el del willingness to pay por la recogida de basura en Mumbai, a las orillas del Ganges. Aun cuando otros, como el de incentivos en la imposición directa para la transformación de residuos plásticos en materiales de asfaltado en la India, presentado por el Prof. Shah, o los ejemplos de impuestos municipales sobre los vertidos de residuos sólidos urbanos en Japón, desarrollado por el Prof. Sasao, fueron ciertamente sugerentes

Alice Pirlot, de la Universidad de Lovaina y discípula del Prof. Traversa, se hizo con el premio a la mejor comunicación de investigadores noveles por su espléndido trabajo sobre el modo de integrar los parámetros medioambientales en las políticas de precios de transferencia y, en concreto en la llamada apportionment formula sobre los que descansan las propuestas europeas de base imponible común consolidada en la imposición de sociedades multinacionales.

Ni qué decir tiene que valgan estas líneas como muestra, un botón, de lo que quien las escribe ha llegado a captar, entre lo mucho que aquí se ha dicho. La Prof. Villar, que también dijo la suya, en esta ocasión sobre las reticentes State Aids en el marco de los tributos ambientales, nos ha convocado en Aahrus, dentro de unos días, para seguir pedaleando sin permisos ni emisiones. Hasta entonces, arigato a todos y todas, japoneses o no, que han contribuido a este festival –que es como en la cultura sintoista denominan la clásica romería, procesión o julepe benéfico equivalente- del saber y la buena compañía. Y el año próximo en Copenhague, eso sí, sin shabu shabu.

José A. Rozas

Catedrático Acreditado de Derecho Financiero y Tributario

Universidad de Barcelona