Post no. 101: Is there an “University Bubble?” – ¿Existe una “burbuja universitaria”?

To celebrate our post number 101 we have written a longer entry on the so-called “University Bubble” (see an abreviated English version bellow)

Un interesante artículo publicado ayer en El País por José Ginés Mora realiza una sugerente comparación entre la crisis de las Cajas de Ahorro y la que aqueja a las Universidades españolas. Su conclusión es que “las autoridades públicas”, pertenecientes en buena medida a la “casta de los dirigentes universitarios” se han dedicado “a todo lo vistoso: una burbuja universitaria de edificios brillantes, publicaciones superfluas y excelencias falaces, pero se han olvidado de lo más importante: el aprendizaje de los estudiantes”.

En principio, esta crítica despierta nuestra simpatía, pero ¿es cierto su diagnóstico? Podemos empezar preguntándonos si puede hablarse de una auténtica “burbuja”, como la inmobiliaria, o se trata más bien de una vistosa “pompa de jabón”. Pensamos que sí es una burbuja: del mismo modo que la construcción se había disparado, se ha multiplicado el número de estudiantes, profesores, títulos y universidades (esta es la parte “real” de la “burbuja” ). En cambio, no ha avanzado proporcionalmente la formación de los estudiantes ni la investigación. Una auténtica burbuja, por tanto.

¿Cuáles han sido los efectos de esta hinchazón universitaria ? Sobre una parte de los discentes, el desinterés o el convencimiento de que la formación de calidad sólo puede obtenerse fuera de la Universidad, tras haberse conseguido, eso sí, la formalidad de un título universitario (si “todo el mundo” lo tiene, carecer de él es un hándicap). La Universidad se ha convertido, en este sentido en una “fábrica de títulos” devaluados. Además, se ha producido una confusión entre el derecho a la educación superior y el derecho a la obtención de un título; quien paga una matrícula, no tiene derecho a obtener el título; éste debe ganárse con estudio y esfuerzo. ¿Sobre los docentes? Quizá también el desánimo y la apatía, en algunos casos el cinismo, en otros la depresión, en muchos la indiferencia… mientras que algunos se han mantenido al margen de estos efectos en una pompa (que no burbuja) de vanidad “académica”. Algunos profesores han sentido agitada su conciencia y se han preguntado qué están haciendo mal, ¿o es que la culpa es tan solo de “las autoridades públicas”, como parece apuntar el comentarista de El País?

Desde luego, las autoridades públicas han estado muy “desorientadas”, por decirlo amablemente: los “campus de excelencia” –en esto coincidimos con el autor- no han pasado, en algunos casos, de constituir una mera inversión inmobiliaria (en este punto surge una conexión entre las dos “burbujas”). Además, las “autoridades” no han resuelto (o han complicado) varias delicadas cuestiones que el comentarista de El País denuncia certeramente:

•          “Sistemas de financiación injustos y poco estimuladores de la eficiencia”;

•          “Carencia de un sistema de ayudas a los estudiantes realmente eficaz”;

•          “Falta de una verdadera carrera profesional a la vez flexible, incentivadora del mérito y eliminadora de vagos”;

•        El “nuevo modelo educativo era el objetivo del proceso de Bolonia, pero entre unos y otros se ha echado a perder”.

•          “Y por encima de todo el grave problema de la gobernanza de las universidades que han estado dirigidas (en esto sí se parecen mucho a las cajas) con criterios políticos (cuando no politiqueros), localistas (cuando no meramente palurdos) y casi siempre por personas con escasa capacidad gestora, de escaso liderazgo y sin visión de futuro”.

La financiación era un problema relativo cuando parecía nadarse en la abundancia. La crisis ha puesto de manifiesto lo profundo de la herida, pero no la ha hecho cicatrizar y da la impresión de que está purulenta. A nuestro entender, deberían agruparse universidades y flexibilizarse las áreas de conocimientode modo que los recursos docentes pudieran asignarse de modo eficaz. Un profesor de Derecho financiero bien podría, con algunas horas de estudio, impartir un curso introductorio de Derecho administrativo y una profesora de internacional privado unas nociones de Derecho civil o de Derecho comunitario, o viceversa. Así sucede, por ejemplo, en Alemania. De hecho, las áreas ya han desaparecido de la LOU, pues para la única cuestión que son tenidas en cuenta es para la adscripción de un profesor que ha superado un concurso de acceso (las convocatorias de concurso de acceso no tienen por qué especificar área de conocimiento sino solamente docencia e investigación a realizar),. Pero con las áreas sucede como con las meigas: “haberlas haylas” y, en cierta medida, constituyen la estructura “operativa” básica de la universidad. Somos de la opinión de que los escasos recursos deberían concentrarse prioritariamente en la formación de jóvenes profesores.

Carencia de un sistema de ayudas a los estudiantes… Pensamos que las becas deberían destinarse a aquéllos que realmente lo necesitan y merecen; es decir, personas con escasos recursos económicos y con buenas condiciones intelectuales. Ofrecer a quien no lo necesita una enseñanza barata (en el precio, que no en el coste) para que adquiera un título de papel mojado no es una buena idea. Un universitario no es mejor persona que otra que carece de un título superior… y es muchísimo peor si el título no acredita su verdadera capacidad.

La existencia de una auténtica carrera profesional se basa en las posibilidades de promoción con arreglo al mérito y al esfuerzo. En la Universidad esto es difícil, pues no existe una auténtica plantilla que responda a las necesidades de la sociedad. En el momento actual, acceder a una Cátedra es verdaderamente difícil: imposible mientras no se superen las restricciones universitarias y sumamente complicado cuando se superan ¿Sería una solución la unificación de cuerpos en uno sólo? En principio, cabría pensar que siempre habrá profesores de primera, de segunda y de tercera regional, por tanto, ¿qué importa el cuerpo?. Desde luego, en la actualidad, algún contratado doctor puede ser mucho mejor que algún catedrático, pero la solución no está en una “igualación”, que inevitablemente sería hacia abajo, deteriorando aún más la carrera universitaria. Como dice Syndrome (el malo de la película “Los Increíbles”): I’ll sell my inventions so that everyone can be superheroes. Everyone can be super. And when everyone’s super…no one will be. [evil laughter]. Desde luego, los catedráticos y titulares distamos mucho de ser “supers”, pero, al fin y al cabo, los “supers” no existen. Los profes universitarios sí, y como los supers tienen un gran poder (formar a los jóvenes y en una Universidad como la UNED también a los menos jóvenes) y una gran responsabilidad.

No parece que eliminar las perspectivas de carrera universitaria a través de un cuerpo único sea buena idea. Lo que debería hacerse es mejorar los mecanismos de selección. El actual procedimiento de acreditación es mucho mejor que la anterior “habilitación”, cierto, y más objetivo que los concursos de la LRU, también, pero dista de ser justo.

Desde luego habría que buscar un sistema de evaluación que consiguiera medir la aportación de cada profesor universitario a la sociedad, por su docencia y su investigación. En la actualidad, mientras que la evaluación de la docencia es ficticia, y en el mejor de los casos, de existir, sumamente compleja, la de la investigación se basa en criterios completamente formalistas [cuando no, de “peso” (en kilos) de las publicaciones “indexadas”] . Como escribe certeramente el comentarista de El País, se miden “excelencias falaces”. Algún profesor ha sugerido que convendría incentivar la “competitividad” entre los colegas. Esta idea parece positiva en la medida que lograra castigar la pereza (y acaso acabar con ella) pero haría surgir otros riesgos. De hecho, la modalidad competitiva que lleva a poner zancadillas al colega, no está ausente de la universidad. La labor del profesor universitario tiene un importante componente de altruismo: el maestro quiere conseguir que sus discípulos le superen. Por tanto, más que competitividad habría que fomentar el deseo de mejora (personal y de los demás).

Pasemos ahora a analizar “Bolonia”: ¿es de verdad un “nuevo modelo educativo”? En realidad, podría afirmarse que hay tres “Bolonias”: la centrada en fomentar la movilidad de los estudiantes, la que busca desarrollar un nuevo modelo educativo basado en el aprendizaje del alumno y la que podríamos llamar “Bolonia burocrática”, como instrumento de control del proceso. Pues bien, la Bolonia burocrática se ha convertido en una auténtica burbuja dentro de la burbuja universitaria, que amenaza la ruina de las “auténticas” Bolonias: la fragmentación de planes de estudios hace más difícil la movilidad y, sobre todo, las exigencias formales (y, en buena parte, la ANECA) han sustituido la verdadera innovación docente por la apariencia documental de innovación docente. Es decir, el proceso no está centrado en el aprendizaje del alumno, sino en la apariencia formal de que se atiende a ese aprendizaje, aunque sea en perjuicio del alumno.

Y en cuanto a la Gobernanza de la Universidad… Cuentan que Cisneros fundó la originaria Universidad Complutense en Alcalá de Henares porque pensó que la única forma de solucionar los problemas de Salamanca era empezar de cero, pero la fórmula no ha terminado de funcionar. Para esto –igual que para la Gobernanza de España, de la UE y del mundo- no nos atrevemos a aportar soluciones.

Sin embargo, todos conocemos profesores que, en medio de esta situación, se esfuerzan cada día por enseñar y hacer mejores a sus alumnos –por vivir el aspecto positivo de Bolonia- y porque el conocimiento avance en beneficio de todos. La carrera profesional es importante, y su inexistencia un notable veneno, pero la vocación universitaria es –ante todo- una vocación, y quien se sienta llamado por ese camino puede hacer mucho por mejorar. Si la Universidad no se ha hundido a pesar de que la burbuja haya estallado es porque muchos profesores la sostienen con su trabajo y su ilusión. En ocasiones, a pesar de sus propios cargos universitarios dirigentes.

Una última reflexión: dice el comentarista de El País que “lo más importante” en la Universidad es “el aprendizaje de los estudiantes”. ¿Es esto cierto, o  debe ponerse más bien el acento en la investigación y el avance del conocimiento? Suele afirmarse que la diferencia entre un maestro de escuela y un profesor universitario está en la investigación. En cualquier caso, la labor de un “maestro de escuela” es tan importante, o más, que la de un profesor universitario. En su cuento “La Escuela de noche” Julio Cortázar retrató su paso por una Escuela Normal (de Magisterio) en tiempos de gobiernos infames y fraudulentos. Más tarde volvería a reflexionar sobre la escuela y la enseñanza normalista dejándonos una serie de consideraciones que, a pesar del tiempo transcurrido, no han perdido su vigencia: “…La Escuela Normal no basta para hacer al maestro. Y quien, luego de plegar con gesto orgulloso su diploma, se disponga a cumplir su tarea sin otro esfuerzo, ése es desde ya un maestro condenado al fracaso. Parecerá cruel y acaso falso; pero un hondo buceo en la conciencia de cada uno probará que es harto cierto. La Escuela Normal da elementos, variados y generosos, crea la noción del deber, de la misión; descubre los horizontes. Pero con los horizontes hay que hacer algo más que mirarlos desde lejos: hay que caminar hacia ellos y conquistarlos” (Cortázar, J. “Esencia y misión del maestro” en Revista Argentina, Buenos Aires, 1939):

Pero vayamos más allá: coincidimos con el comentarista de El País en que “lo más importante en la Universidad es el aprendizaje de los estudiantes”, sobre todo de aquellos que podrán convertirse en profesores y hacer avanzar el conocimiento. Éste es el nexo esencial entre la docencia y la investigación universitaria. Pero nada se conquista sin sacrificio y como diría Cortázar “una misión como la del educador exige el mayor sacrificio que puede hacerse por ella”. Quienes hayan alcanzado el “puesto” sin meditar a conciencia qué pretendían o qué esperaban, más allá de la retribución monetaria o de la estabilidad, ésos ya han fracasado. Por eso debemos mantener la mirada fija en un horizonte que conquistar con el trabajo y con el sacrificio. Es algo que debemos cuidar entre todos si no queremos que muera la Universidad.

Agradecemos las valiosas observaciones que han realizado a nuestro primer borrador Federico Garau, Cristina Álvarez, Ada Tandazo y M.J.

Marina Vargas Gómez-Urrutia
Pedro M. Herrera Molina

(Abbreviated English version) An interesting article published yesterday in the Spanish Newspaper “El País” by Jose Ginés Mora makes a suggestive comparison between the crisis of the Savings banks and the one that is suffered by Spanish Universities. Its conclusion is that “the public authorities”, pertaining largely to the “chaste one of the university leaders” have been focused “to all kind of showy objectives: a university bubble of shining buildings, superfluous publications and deceptive excellence, but have forgotten the most important goal: the learning of the students”.
In principle, we sympathize with this critic, but is the diagnosis correct? To begin with, we can ask ourselves if we can speak of a real “bubble” (as the real estate bubble), or rather of a mere showy “soap bubble”. We think that it is a genuine bubble: in the same way that the building sector had gone off, the number of students, professors, titles and universities has been multiplied (this is “the real” part of the “bubble”). However, students’ education and research have not advanced in the same proportion. Therefore, we can speak of a genuine bubble.
Which have been the effects of this university “swelling”? On some students, it has caused lack of interest or the idea that a qualified education can only be obtained outside the University (once you have got an university degree, just to be sure). The University has become, in this sense, a “factory of devaluated degrees”. In addition, the right to higher education has been mistaken with the “right to an university degree”. In our view the student who pays university fees must not take for granted that he or she is going to get a degree. The degree should be the result of study and hard work. And which have been the effects of the bubble on university professors and other teaching staff? We find discouragement, sarcastic attitudes, depression, indifference… whereas some have remained outside the scope of these effects protected by a bubble of “academic” pride. Some professors have experienced a bad conscience and questioned what was wrong with themselves (in our opinion, it is not only the fault of the public authorities that the problem has arisen).
True, public authorities have been stranded, to put it in a nice way. Furthermore, the so-called “campuses of excellence” have been in some cases mere real estate investments (in this point a connection between the two “bubbles” arises). In addition, the “authorities” have not solved (or they have further messed up) some delicate questions:
• “Unfair and discouraging mechanisms to finance universities”;
• “Lack of adequate and effective grants for students”;
• “Lack of a flexible and fair professional career which discourage lazy attitudes”.
• Perversion of the educational renewal planned in the Bologna process.
• “And above all the serious problem of universities’ governanze. Universities have been ruled with low political views and local criteria. No far-sighted approach”.
Financing did not seem a big deal during the economic boom. But the economic crisis has shown how deep and bad looking the wound is. In our view, to cope with the economic situation, small universities should be merged and the so-called areas of knowledge (Private international law, Tax law and so on) should become more open so that the educational resources could be assigned in an effective way. For instance a professor of Tax law could possibly teach a basic course of Administrative law (after some hours of preparation) and a professor of Private international law could teach an introduction to Civil law or EU law without difficulties. This is already the case in Germany. As a matter of fact, the “areas of knowledge” have been abolished in academic legislation, but they remain a basic structure in the real world.

Regarding students’ scholarships, we think that they should be granted to those who really need and deserve them; that is to say, people with limited economic resources and good intellectual conditions. To offer a cheap higher education (in terms of price, not of cost) is not a good idea. An university graduate is not, as such, better person than other than lacks an university degree … and he would be worse if the degree does not demonstrate his true capabilities.

As for the existence of a true academic career, it should be based on the principle of merit and capacity. In the current Spanish university this is really difficult, because nobody has assessed the real needs of professors. Moreover universities are broke and no more chairs will be set up in several years. Some colleagues have pointed out that an answer to the lack of academic promotion would be to unify the different categories of academics (associated professors and full professors). The only thing important would be the personal scientific reputation. Of course, at the present time, some associated can be far better that some full professors, but the solution is not to equalize down the categories. As the bad guy in the movie “The Incredibles” says: I’ll sell my inventions so that everyone can be superheroes. Everyone can be super. And when everyone’s super…no one will be. [evil laughter]. Professors are not “supers” but they enjoy great power (education) and bear great responsability.

In our view to unify associated professors and full professors would not be a good idea. On the other hand, the mechanisms applied to select the applicants should be heavily improved, taking into account actual teaching and research abilities. The current procedure that we have in Spain is better than the previous one, but far from ideal.
Now let us move to the Bologna issue. is it really a “new educational model”? In fact, there are three aspects of “Bologna”: the first one intends to facilitate the student’s mobility, the second one tries to develop a new educational model focused on the student’s learning process, the third one refers to bureaucratic controls to monitor the main objectives of mobility and learning. The problem is that bureaucratic supervision has grown immensely to the point to jeopardize the mobility-related and educational goals.

A last idea: is it true that the main goal of universities should be the students’ learning or should it rather be research and advancement of knowledge? In our view the most important is the education of future professors and researchers who will have the mission to advance human knowledge. This is the main link between teaching and researching at university level. This objective would require great sacrifice and work in a times of crisis. As the writer Julio Cortázar would say “The task of a teachers demands the greatest sacrifice that he can do” (Cortázar, J. “Esencia y misión del maestro” en Revista Argentina, Buenos Aires, 1939).

We would like to express our gratitude to Federico Garau, Cristina Alvarez, Ada Tandazo and M.J for their valuable comments to our first manuscript.

Marina Vargas Gómez-Urrutia

Pedro M. Herrera Molina

8 thoughts on “Post no. 101: Is there an “University Bubble?” – ¿Existe una “burbuja universitaria”?

  1. Queridos compañeros:
    No voy a comentar el contenido del post, pues ya he tenido ocasión de dar mi opinión al respecto. Solamente una pequeña reflexión, para fomentar la discusión: en la universidad alemana solamente existe la categoría de los “Professoren”, con la única diferencia de que, cuando un Professor (con un contrato temporal) ha probado su “valía” en una Universidad y ésta quiere retenerlo indefinidamente, le propone contratarlo indefinidamente, convirtiéndolo así en “ordentlicher (Professor)” (algo parecido a un proceso de “funcionarización”). Cierro el paréntesis.
    Lo que sí me parece importante es que estéis ante el post 101. Esto sí que es motivo de alegría y de felicitación. ECJ se está consolidando, gracias a vuestro trabajo; incluso en vacaciones. Mis felicitaciones y mucho ánimo, para que esta cifra se multiplique, por 10, por 100,…
    Un saludo muy cordial desde el blog de al lado,
    Federico Garau
    (Conflictus Legum)

    • Muchas gracias por los ánimos y por tu valioso comentario Federico. Desde luego, existen argumentos que respaldan el “cuerpo único” y merecerían una reflexión más pausada de la que hacemos en el blog. De todos modos, creo que nuestra situación es diferente a la de Alemania. Allí, los “Catedráticos” o “Professors” son un cuerpo de élite que no ha nacido (hasta donde conozco) de la refundición de varias categorías. Aquí se trataría de “refundir” a Catedráticos y Titulares, lo cual implicaría probablemente una “igualación hacia abajo”. Por otro lado la universidad alemana es mucho más jerárquica que la española (suele producirse una notable distancia de trato entre el “Professor” y sus asistentes). Esta distancia, a mi juicio a veces excesiva, se ha salvado en España gracias a la existencia del cuerpo de profesores titulares. Creo que en España la existencia de un sólo cuerpo “de élite” al estilo alemán tendría consecuencias muy negativas. Al fin y al cabo los alemanes tienen otra mentalidad y compensan la jerarquía con una mayor objetividad (aunque no siempre). En fin, son apuntes sobre unas ideas que seguramente debería ponderar más. Muchas gracias por esta posibilidad de diálogo y un abrazo. Pedro

  2. Queridos amigos: Pienso, desde mi experiencia universitaria, que hay una frase concluyente en el artículo publicado en El País, que, sencillamente, no es cierta. Se trata de aquella frase que concluye que las Universidades “se han olvidado de lo más importante: el aprendizaje de los estudiantes”.

    • Muchas gracias, Andrés. Es una opinión reconfortante. Desde luego, pienso que en tu Universidad y también en la nuestra y en otras muchas existe una gran preocupación y “ocupación” por el aprendizaje de los estudiantes. Un abrazo. Pedro

  3. Buenas tardes. Espero no alargarme mucho en mi exposición, pero la verdad es que este artículo me ha tocado de cerca.

    En primer lugar, mi enhorabuena. He llegado hasta este blog a través de un enlace en la plataforma virtual de mi actual universidad (Uned).

    Hay varios puntos del artículo que han llamado poderosamente mi atención y con los que no podría estar más de acuerdo. Empecé mi formación universitaria en una de las universidades públicas más reputadas de Madrid hace unos años, en una doble licenciatura que se había puesto muy de moda y, realmente, sin nociones claras de si esa carrera era para mí. En este punto, creo que es importante el asesoramiento previo a la entrada en la Universidad durante el Bachillerato, de cara a orientar nuestras capacidades de la mejor forma posible.

    Hay dos aspectos fundamentales que hicieron que abandonara mis estudios:
    – En primer lugar, bajo mi punto de vista los planes conjuntos/combinados nunca serán equivalentes a una formación centralizada, máxime cuando la práctica es inexistente. La formación que recibí estaba orientada a “sacar el título porque a las empresas les encanta” y a “somos los mejores porque tenemos una nota de corte más alta que la media”.
    Pues bien, he tenido la suerte de conocer compañeros inteligentes, preparados, pragmáticos… También tuve la desgracia de ver que la clase se convertía en una especie de EGB, donde ciertos alumnos preguntaban constantemente, en la mayoría de las ocasiones obviedades, sólo para hacer notar su presencia.

    Esto es así, porque mientras estuve matriculada comenzó la implantación del plan Bolonia. Personalmente, decidí que el sistema de aprendizaje no era lo mío y empecé a trabajar en una entidad financiera. Desde entonces, la nota máxima a la que pude acceder a los exámenes fue alrededor de un 7, pues había que pasarse el día entregando trabajos, realizando actividades con los compañeros en las que había que invertir un número considerable de horas…

    Bien, creo que este sistema es perfecto para que quien pueda permitirse no trabajar pueda acceder a las mejores notas. Considero que la discriminación viene cuando, si no lo sigues, no puedes acceder a la puntuación total en el examen, aún haciéndolo perfecto, y tus posibilidades se reducen como mínimo en un 20%.

    – En cuanto a otro de los puntos comentados sobre la vanidad “académica”, uno de los motivos que provocaron mi desinterés por el sistema universitario fue constatar la inutilidad de madrugar o sacrificarme para asistir a unas clases donde alguien dictaba durante una hora temas a estudiar.

    Como bien dicen, el proceso parece no estar centrado en el aprendizaje del alumno, sino en la apariencia formal de que se atiende al mismo. Si esto no es política, no sé qué lo es.

    Finalmente decir que a día de hoy estudio en la Uned y estoy aprendiendo y valorando mi formación como nunca, todo ello acompañado de unos resultados académicos excelentes.

    Mi agradecimiento al profesor Pedro M. Herrera, que en este mes en el que divido mi tiempo entre estudio y trabajo, mantiene la atención al estudiante en la plataforma virtual de Derecho Financiero y Tributario con gran dedicación.

    Un saludo,

    María Fondevila.

  4. Muchas gracias, María. La verdad es que la UNED no necesitaba adaptarse a Bolonia, pues ya antes de la reforma permitía ofrecer una enseñanza centrada en aquellos alumnos que, por su trabajo u otras circunstancias, han de estudiar a un ritmo diferente. Ánimo en esta nueva etapa y muchas gracias de nuevo por su comentario al post y sus amables palabras. ¡Somos de la UNED!

  5. El artículo de El PAÍS, refleja, lo que durante unos años se ha utilizado como propaganda política y medio de ganar elecciones: “ponga una universidad en su pueblo”, por definirlo de una manera simple. Por mi trabajo, medios de comunicación, -ahora estoy en el paro-, he sido testigo de primeras piedras y colocación de placas con el único objetivo de ganar votos. Ahora muchos de esos edficios se van vaciando, porque no hay suficiente alumnado y por supuesto es imposible financiar edificios dispersos, en lo que algunos políticos denominaron: universidades multicampus, que también han servido para dar trabajo a seguidores de sus artífices.

    • Estimada Mamen: muchas gracias por su comentario. Quizá, además de lo que usted señala acertadamente, un espíritu demasiado “localista” no responde bien al espíritu de la Universidad. Dar “marcha atrás” es difícil, pero hemos de encontrar soluciones.

      Un cordial saludo,

      Pedro Herrera

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